“La intención es el verdadero poder, detrás del deseo”

Deepak Chopra

 

El presente artículo recoge la reflexión que surgió del conversatorio realizado durante el proyecto IDEP-RED con el Doctor Miguel Ángel Vargas, Presidente de la RIBIE, una de las redes académicas más sólidas y reconocidas a nivel iberoamericano que, gracias a un grupo de profesionales con unos vínculos y principios muy sólidos, encontró hace 25 años la pasión y el poder para conformar una red.

 

Palabras clave: Redes, redes académicas, maestros y redes, organización de redes, importancia de las redes.

 

Introducción

Para comprender el concepto de una red de docentes investigadores, es necesario empezar por la metáfora que la sustenta: Una red es una estructura que consta de dos partes, nodos y líneas; los nodos se constituyen en un ente material o inmaterial, y las líneas en la interrelación no jerárquica entre ellos. Empero, realizar una rápida y superficial lectura de esta definición opaca su complejidad y la de la red misma; en primera instancia, nótese que no puede constituirse una red con un solo nodo, sea éste una persona, institución o saber disciplinar, lo que deja de lado la tendencia egocéntrica, individualista y depredadora del actual ser; así, para que una red surja se necesita, mínimo, del reconocimiento de otro, lo cual implica respeto, aceptación y equidad para poder interactuar hasta conformar un colectivo.

 

En segunda instancia, para que se establezca una línea de interrelación entre los nodos, debe existir un aspecto común que los vincule, de manera que exista reciprocidad y beneficio mutuo; si una red quiere consolidarse, es necesario un vínculo fraterno de camaradería y afecto que se contraponga a las relaciones frías, calculadoras, jerárquicas y de subordinación que caracterizan a las actuales organizaciones sociales: “El problema en las relaciones de los seres humanos es la negación, la indiferencia, no reconocer, ni respetar al otro” (López, et al., 2003, p.118). Una red es una organización social distinta de una empresa, concebida bajo el paradigma de una organización industrial, donde prima la: “negación de la humanidad y la mecanización del espíritu humano” (Garcés, 2008), el control y el sometimiento; en este sentido, es un error emprender o vincularse a una red queriendo equiparar su dinámica a una organización con éstas características.

 

Por ejemplo, la red no necesita de un espacio concreto y determinado, pues aunque físicamente hablando cada nodo es un espacio, éste es dinámico. Además, puede existir sin constituirse necesariamente como un ente jurídico, así como subsistir sin estatutos o reglamentos formales, lo cual no significa que no existan principios, pues ellos robustecen los vínculos fraternos una vez se haya planteado el objetivo común que convoca a todos los miembros; no obstante, vale la pena aclarar que se trata de principios socialmente éticos, de lo contrario, un concierto para delinquir podría confundirse con una red.

Por otro lado, la red no precisa contratos ni cláusulas de permanencia para sus miembros; a la red se llega voluntariamente y se decide estar el tiempo que se considere necesario, aspecto que la vuelve impredecible, pues no hay nada más incierto que contar con la libertad de las personas, ni nada más seguro que contar con su compromiso. Así, es importante precisar que una red académica es un espacio de libertad y poder para decidir, permanecer, actuar, proponer, escribir, dialogar, debatir, confrontar, socializar y transformar.

 

En suma, en una red nadie obedece ni es obligado, las relaciones interpersonales no pueden ser jerárquicas, ni su organización centralista, de nuevo me remito a la metáfora: si fueran nodos unidos con líneas verticales se asemejaría a un lazo, que ata y limita; no obstante, una expansión radial hace que su fuerza se propague, así como su injerencia y reconocimiento social, aspectos fundamentales en los que radica el poder de una red. Cada docente que se vincula a una a una re, es un líder que combina, la capacidad para trabajar autónomamente, y la habilidad para trabajar en equipo; se precisa tener un pensamiento divergente para identificar necesidades, desarrollar ideas, escribir textos académicos, científicos o críticos, así como para crear oportunidades y difundir su conocimiento.

 

Organización y estructura de una red

Las características que hacen compleja a una red no discuten con una estructura organizativa y de gestión asociada a la planeación, ejecución, seguimiento y evaluación, tanto de procesos como de proyectos e iniciativas desarrolladas por el colectivo. Para una red es imprescindible la gestión, la interacción y participación de sus miembros con adecuados mecanismos de comunicación, sean éstos sincrónicos o asincrónicos, que permitan la circulación de la información en su interior, la concertación y el consenso.

 

Por otra parte, la construcción del conocimiento, que es el principal objetivo de una red académica, necesita del ejercicio riguroso de una revisión de antecedentes, la exploración de la literatura y marcos teóricos, la sistematización de experiencias, así como de la interpretación, análisis y comprensión de una necesidad, a condición de que sea transformada en una propuesta desde la perspectiva de la red, que dé solución a la problemática hallada y sea beneficiosa para los intereses de sus integrantes.

 

De igual modo, la red debe consolidar planes de acción o estrategias, con una clara definición de los productos esperados, sean estos cohesión, reconocimiento o divulgación, que permitan acoplar iniciativas individuales y le den sentido a la existencia de la red, tales como congresos, foros, seminarios, conversatorios, publicaciones, asesorías, entre otros; lo cual requiere de una óptima gestión administrativa y de recursos, pues estos eventos permiten alianzas estratégicas con otras redes y con organismos públicos o privados, siendo una catapulta para su expansión y financiación.

 

La importancia de integrar la RDDI para los ejercicios de investigación e innovación educativa y pedagógica

Cuando un docente decide pertenecer a una red puede tener una o varias razones que lo motiven: cualificar la profesión; comunicar sus experiencias en el aula; dar a conocer su trabajo y producción académica; compartir conocimiento y el mejoramiento de las prácticas pedagógicas a través de la investigación; mantener un vínculo con maestros que comparten intereses comunes; o crear una identidad colectiva que, desde una perspectiva social, proporcione cohesión y fuerza. Cualquiera sea su motivación, ésta será el motor para que la red funcione de manera análoga a un organismo vivo, que necesita nutrirse, relacionarse, movilizarse o trascender y, como tal, también de un proceso de maduración fruto de la experiencia, dada por aciertos y errores, la perseverancia y la autogestión.

 

El aporte de cada maestro a la red, con su ejercicio de investigación o de innovación pedagógica, se encamina hacia la construcción de la identidad social de un colectivo que, con la creación de sinergias, pretende aportar al devenir histórico, a la adaptación de las sociedades al medio y la transformación del mismo. En este sentido, el maestro que quiere ser parte de una red de docentes investigadores, y busca transformar realidades, tiene que situarse del lado de la utopía y ver en el acto de educar, y en la pedagogía: “el vaso medio lleno”, aún a pesar del mundo que le ha tocado vivir, incluso cuando lea cualquier cosa, debe hacer a un lado el espectro en el que predomina el dolor, la pobreza, la injusticia, la desigualdad, la segregación, la guerra y la muerte propias del egoísmo humano.

 

Si la investigación educativa no se ve a sí misma como principio de transformación de esa inhumana humanidad, sería perpetuadora de la desesperanza y promotora de la segregación, no solo neuronal, sino social. Si el aprendizaje individual genera interconectividad neuronal, inteligencia, construcción de conocimiento, transformación de la realidad y del nicho vital ecológico; la sociedad que aprende, concebida como una inmensa red de procesos cognitivos, definirá la historia de los años futuros (Assmann, 2004).

 

De allí la importancia de que el maestro se reconozca como un nodo imprescindible en el entramado social, con la capacidad de producir conocimiento, innovar sus prácticas pedagógicas, dinamizar su vida, cualificar su labor docente en el acto de pensarse y escribirse, impactar su contexto y transformar la política educativa con el poder que tiene, al ser parte de una red.

 

Invitación a conformar una red

La invitación es para que usted, compañero docente, considere la opción de pertenecer a una red, según su saber disciplinar, línea de investigación o proceso innovativo; no tenga miedo, lo importante es querer, conocer y trabajar con otros pares, dinamizando sus prácticas, trabajo profesional y logros personales. Los maestros que se arriesgaron están consolidando la Red Local de Educación Física de Kennedy, la cual tiene un vínculo con la Red Distrital de Educación Física, dichas redes adelantan eventos como el II Foro Distrital de Educación Física, que en 2015 abordó el tema “Cuerpo, educación y cultura ciudadana”, y han facilitado la sistematización de experiencias significativas inscritas al Festival de Centros de Interés FECI, estos eventos buscan propiciar la reflexión, el diálogo y la socialización de experiencias, investigaciones, innovaciones y propuestas pedagógicas acerca de las concepciones y prácticas de cuerpo a nivel local y distrital.

 

Por otro lado, la Red Distrital de Docentes Investigadores RDDI, cuenta con el Nodo Artes, Actividad Física y Cuerpo, que plantea, desde su propuesta misional y organizativa, el compartir expectativas y experiencias innovadoras, así como la promoción, difusión y socialización de los productos investigativos, hallazgos y propuestas de los integrantes del nodo, con el propósito de visibilizar la labor docente, la producción de conocimiento y de dar soluciones a las diversas necesidades y problemáticas propias del saber disciplinar.

 

La RDDI y todos sus nodos, tienen abiertas sus puertas a los docentes que quieran vincularse y decidan aunar esfuerzos para consolidar una de las principales estrategias para la promoción del desarrollo profesional docente y el mejoramiento de la calidad educativa, en beneficio de quienes son nuestra razón de ser como maestros: los niños, niñas y jóvenes del país.

 

Referencias

Assmann, H. (2004). Placer y ternura en la educación. Madrid: Narcea.

Garcés Uribe, O. L. (2008). El trabajo asalariado: La mecanización del espíritu. Bogotá: Universidad EAFIT, pp. 119-139.

López Melero, M., Maturana Romecín, H., Pérez Gómez, Á., y Santos Guerra, M. (2003). Conversando con Maturana de educación. Málaga: Aljibe.

 

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 77

 

Foto de Facultad de Ciencias Sociales.  Tomada de Flickr

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